“Yo no sé de fútbol”: la ignorancia como excusa para evadir responsabilidad
“Es que yo no sé de fútbol”.
La frase se repite con una naturalidad preocupante. Se pronuncia como quien se lava las manos, como si el desconocimiento fuera un escudo legítimo para evadir responsabilidades básicas. No se dice con mala intención; se dice con comodidad. Y precisamente ahí está el problema.
Porque no saber de fútbol no impide saber de compromiso, no bloquea el sentido común y no exime del deber formativo que implica ser madre o padre. Sin embargo, esta frase se ha convertido en una coartada perfecta para justificar ausencias, omisiones, incumplimientos y decisiones que afectan directamente el desarrollo de las niñas.
Este artículo no habla de táctica, reglamentos o sistemas de juego. Habla de algo mucho más profundo: la responsabilidad adulta, la cultura del pretexto y la forma en que la indiferencia cotidiana termina siendo cómplice de procesos rotos, tanto en el deporte como en la sociedad.
La ignorancia funcional: cuando “no saber” se usa para no hacerse cargo
En educación y psicología social existe un concepto claro: ignorancia funcional. No es la falta real de información, sino el uso del desconocimiento como justificación para no actuar (Dunning, 2011).
“No sé de fútbol” aparece cuando:
La niña se lesiona y se decide no llevarla ni siquiera a observar o rehabilitar
Se evita pagar una afiliación claramente explicada en un proyecto
Se ignoran documentos, mensajes o procesos previamente socializados
Nada de esto requiere saber de fútbol. Requiere responsabilidad básica, seguimiento y compromiso.
Howard Gardner, en sus estudios sobre inteligencias múltiples, deja claro que la inteligencia práctica y ética no depende del dominio técnico de un área, sino de la capacidad de tomar decisiones coherentes con el bienestar propio y de otros (Gardner, 2006). En otras palabras: no saber de fútbol no impide saber educar.
El cuerpo como pretexto: lesiones, miedo y sobreprotección mal entendida
Una de las justificaciones más comunes es la lesión. Ante el menor dolor, aparece el retiro inmediato del proceso. No hay seguimiento médico, no hay acompañamiento, no hay aprendizaje. Solo ausencia.
Paradójicamente, la evidencia científica señala que la continuidad controlada y el acompañamiento son claves en la recuperación física y emocional de jóvenes deportistas (Merkel, 2013). La lesión no debería ser un freno automático, sino una oportunidad de educación corporal y mental.
Cuando una madre o un padre decide no llevar a su hija “porque está lesionada”, muchas veces no actúa desde el cuidado, sino desde la incomodidad que implica sostener el proceso. Se evita el traslado, la conversación incómoda, la adaptación.
La niña aprende algo claro: cuando algo duele, se abandona.
Ese aprendizaje no se queda en el fútbol.
La violencia como argumento selectivo: miedo cuando conviene
Recientemente, en muchas regiones del país, la violencia criminal ha escalado. Asesinatos, extorsiones, hechos lamentables que generan miedo real. Ese miedo es válido. Lo que no es coherente es usarlo de forma selectiva.
Se cuestionan entrenamientos “por seguridad”, pero:
Se asiste a bares
Se acude a fiestas
Se mantienen rutinas sociales normales
Ulrich Beck, en su teoría de la sociedad del riesgo, explica que el miedo moderno no siempre se gestiona de forma racional, sino conveniente (Beck, 1992). El riesgo se utiliza como argumento cuando coincide con la falta de voluntad.
Así, la inseguridad se convierte en un pretexto perfecto para no cumplir. No se analiza el contexto, no se evalúan rutas, no se proponen soluciones. Simplemente se cancela.
La consecuencia es grave: las niñas aprenden que el miedo justifica la renuncia, incluso cuando el adulto no renuncia a su propia vida social.
Indiferencia cotidiana: la antesala del conformismo social
Paulo Freire advertía que la indiferencia no es neutral: es una forma silenciosa de opresión (Freire, 1970). Cuando normalizamos no leer, no asistir, no involucrarnos, estamos educando en el conformismo.
La falta de visión no solo afecta procesos deportivos. Afecta la manera en que las niñas entienden su lugar en el mundo. Si nadie exige, si nadie sostiene, si todo se justifica, el mensaje es devastador: no vale la pena esforzarse.
Las sociedades no se rompen de golpe. Se erosionan lentamente, a través de pequeñas omisiones diarias que parecen inofensivas.
Responsabilidad compartida: nadie puede alegar desconocimiento
Hoy la información está disponible. Proyectos se envían, procesos se explican, canales existen. Alegar desconocimiento es, en muchos casos, una elección.
La OECD ha señalado que la participación activa de los padres es uno de los factores más determinantes en el desarrollo educativo y deportivo de los jóvenes (OECD, 2019). No se trata de saber más, sino de involucrarse mejor.
No saber de fútbol no impide:
Leer
Preguntar con intención
Cumplir acuerdos
Acompañar procesos
Cada vez que un adulto dice “yo no sé de fútbol” para evadir su parte, una niña aprende algo que no debería aprender: que el compromiso es opcional y que la responsabilidad se puede delegar.
La ignorancia no es el problema. El problema es usar la ignorancia como refugio.
Porque cuando los adultos renuncian a su papel, las niñas pagan el precio.
Fuentes bibliográficas
Beck, U. (1992). Risk Society. Sage Publications.
Dunning, D. (2011). The Dunning–Kruger Effect. Advances in Experimental Social Psychology.
Freire, P. (1970). Pedagogy of the Oppressed. Continuum.
Gardner, H. (2006). Multiple Intelligences. Basic Books.
Merkel, D. (2013). Youth sports and injury prevention. Current Sports Medicine Reports.
OECD (2019). Parents as Partners in Education.