El silencio que educa: cuando los padres no leen

Este es, quizá, uno de los textos más incómodos que se pueden escribir dentro del deporte formativo. No porque falten argumentos, sino porque el destinatario ideal de este artículo probablemente no lo leerá completo. Padres que no abren mensajes, que no leen indicaciones, que no revisan documentos, que preguntan lo que ya fue explicado y que delegan la responsabilidad informativa al último momento.

Y no, no se trata de señalar por señalar. Se trata de entender por qué ocurre, qué consecuencias tiene en sus hijas y cómo ese ejemplo silencioso impacta directamente en su desarrollo personal y deportivo. Porque cuando un padre no lee, no solo omite información: educa sin darse cuenta.

No es falta de interés: es una crisis de atención adulta

Vivimos en una época en la que leer se ha vuelto un acto cada vez más raro. No porque la gente no sepa leer, sino porque ya no sabe sostener la atención. La lectura profunda compite contra notificaciones, redes sociales, mensajes instantáneos y estímulos constantes que fragmentan el pensamiento.

Nicholas Carr explica en The Shallows que el cerebro se adapta al consumo rápido de información, perdiendo progresivamente la capacidad de concentración prolongada (Carr, 2010). No leemos, escaneamos. No reflexionamos, reaccionamos. Esto explica por qué muchos padres creen haber “leído” un mensaje cuando en realidad solo vieron las primeras líneas.

El problema aparece cuando esta falta de atención se normaliza en asuntos que involucran directamente a las hijas: entrenamientos, horarios, reglas, procesos, artículos formativos. No leer deja de ser un descuido y se convierte en un patrón conductual.

La paradoja es clara: padres que exigen atención, disciplina y compromiso a sus hijas, pero que no pueden sostener la atención ni siquiera para leer lo que concierne a su desarrollo.

El ejemplo invisible: lo que las hijas aprenden sin que nadie se los diga

Las niñas no necesitan discursos para aprender. Observan. Replican. Interiorizan. Albert Bandura, con su teoría del aprendizaje social, demuestra que gran parte de las conductas se adquieren por imitación de modelos significativos, especialmente los padres (Bandura, 1977).

Cuando una niña ve que:

  • Su padre no lee mensajes importantes

  • Su madre pregunta algo que ya estaba escrito

  • Las indicaciones se ignoran o se minimizan

Aprende algo muy claro: poner atención no es prioritario. Aprende que la información puede repetirse, que la responsabilidad puede delegarse y que el esfuerzo cognitivo es opcional.

Este aprendizaje no se queda en casa. Se traslada al campo de juego. La jugadora que no escucha consignas, que pregunta lo que ya fue explicado, que se desconcentra fácilmente, muchas veces no es desinteresada: está replicando el modelo aprendido.

La neurociencia respalda esto. Las funciones ejecutivas —atención, memoria de trabajo, autorregulación— se desarrollan en gran medida por el entorno y el ejemplo cotidiano (Diamond, 2013). No se entrenan solo con ejercicios; se cultivan con hábitos.

La lectura como acto de responsabilidad emocional y formativa

Leer no es solo decodificar palabras. Leer es prestar atención. Y prestar atención es una de las formas más claras de validar emocionalmente a un hijo. Daniel Goleman señala que la atención es un componente central de la inteligencia emocional y de la construcción de vínculos seguros (Goleman, 1995).

Cuando un padre no lee lo que tiene que ver con su hija, el mensaje implícito es poderoso, aunque no intencional: “esto no es tan importante”. Con el tiempo, esa percepción impacta en la seguridad, la motivación y el compromiso de la niña.

En el ámbito deportivo, esto se traduce en jugadoras que:

  • No se sienten responsables de su proceso

  • Dependen constantemente del adulto

  • Dificultan su autonomía

La UNESCO ha sido clara en múltiples informes: el entorno familiar es determinante en la formación de hábitos de atención y lectura, incluso más que la escuela o el deporte (UNESCO, 2017). No se trata de que los padres lean libros académicos, sino de que respeten la información que involucra el desarrollo de sus hijas.

Leer un mensaje, un reglamento o un artículo no es un favor al entrenador. Es una obligación formativa.

Cuando no se lee, el proceso se rompe

En el deporte formativo, la falta de lectura genera consecuencias concretas: malentendidos, conflictos innecesarios, desgaste emocional y procesos truncados. Todo aquello que pudo evitarse con atención previa termina resolviéndose con tensión posterior.

Peor aún: se crea una cultura donde siempre “alguien más” es responsable de explicar de nuevo. Esto va en contra de cualquier modelo educativo serio. Según Vygotsky, el desarrollo de la autonomía ocurre cuando el individuo asume progresivamente responsabilidades cognitivas (Vygotsky, 1978). Si el adulto no lee, la niña no aprende a hacerlo.

El deporte, como espacio educativo, termina reflejando lo que sucede en casa. Si en casa no se lee, en la cancha no se escucha. Si en casa no hay atención, en el juego hay desconcentración. No es casualidad. Es consecuencia.

Este artículo no busca confrontar, sino despertar conciencia. Porque el problema no es no leer un mensaje; el problema es el ejemplo que se construye a partir de esa omisión.

Leer es un acto silencioso de educación.
Leer es enseñar a prestar atención.
Leer es formar responsabilidad y criterio.

Quizá muchos no lleguen hasta aquí. Aun así, el texto debía existir. Porque alguien tiene que decirlo: cuando los padres no leen, las hijas aprenden a no hacerlo.

Y el desarrollo, dentro y fuera de la cancha, siempre paga el precio.

Fuentes bibliográficas

  • Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Prentice Hall.

  • Carr, N. (2010). The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains. W. W. Norton.

  • Diamond, A. (2013). Executive Functions. Annual Review of Psychology.

  • Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Bantam Books.

  • Vygotsky, L. (1978). Mind in Society. Harvard University Press.

  • UNESCO (2017). Literacy and Reading in the Digital Age.

Siguiente
Siguiente

La importancia de la planificación en el deporte formativo: cuando entrenar sin rumbo impide mejorar