Día de Reyes y fútbol: la ilusión, el esfuerzo y la larga espera por la recompensa

El Día de Reyes representa, para miles de niñas, niños y adolescentes, uno de los primeros contactos con la ilusión genuina. La noche previa está cargada de esperanza: cartas escritas con cuidado, zapatos colocados con emoción y la certeza —o al menos el deseo— de que algo bueno llegará si se han portado bien durante el año.

Esa ilusión infantil no desaparece por arte de magia al crecer; se transforma. En el fútbol, especialmente en etapas adolescentes, esa misma ilusión se manifiesta en el deseo de llegar lejos, de ser vistas, de cumplir un sueño que parece enorme pero alcanzable. El problema surge cuando la ilusión se desconecta del esfuerzo real que exige el camino.

El fútbol, como la vida, no funciona como un regalo dejado debajo del árbol. Funciona como un proceso largo, continuo y profundamente desgastante.

La ilusión como motor, no como garantía

La psicología del deporte reconoce a la ilusión —o motivación intrínseca— como un motor fundamental para el desarrollo del atleta. Según Deci y Ryan (2000), la motivación intrínseca impulsa la persistencia, el disfrute y el compromiso a largo plazo. Sin ilusión, no hay constancia; sin constancia, no hay progreso.

Sin embargo, la ilusión por sí sola no garantiza resultados. En el fútbol formativo, uno de los errores más comunes es confundir el deseo con el merecimiento. Soñar con llegar no significa estar listo para hacerlo.

Muchos jóvenes atletas mantienen la ilusión, pero no están dispuestos a sostener el esfuerzo que esa ilusión demanda. Ahí es donde el proceso se rompe.

El fútbol no es magia: es acumulación de esfuerzo

A diferencia del Día de Reyes, donde la magia parece operar durante una sola noche, el fútbol exige una acumulación silenciosa de trabajo. Estudios sobre el desarrollo del talento deportivo, como los de Ericsson et al. (1993), señalan que el rendimiento de alto nivel es el resultado de años de práctica deliberada, no de momentos aislados de inspiración.

Entrenar bien una semana no compensa meses de irregularidad. Asistir a una visoria no sustituye años de formación. Publicar una foto no reemplaza un proceso.

El fútbol no premia el esfuerzo ocasional; premia la constancia sostenida.

El gran problema: poco esfuerzo, grandes expectativas

Uno de los conflictos más frecuentes en el fútbol adolescente es la desproporción entre esfuerzo y expectativa. Algunos creen que con entrenar dos o tres veces por semana, sin hábitos adecuados fuera del campo, ya deberían obtener resultados extraordinarios.

La literatura sobre psicología del rendimiento advierte sobre este fenómeno. Duckworth et al. (2007), al estudiar el concepto de grit (perseverancia y pasión por objetivos a largo plazo), concluyen que el talento inicial tiene menos impacto que la capacidad de sostener el esfuerzo en el tiempo.

El fútbol no es una carrera corta. Es una maratón.

La carrera futbolística: larga, continua y desgastante

Convertirse en futbolista no es un evento, es un trayecto. La FIFA, en sus programas de desarrollo juvenil, subraya que el camino formativo está lleno de etapas de estancamiento, frustración y retroceso aparente. Esto es normal y necesario.

El desgaste físico y emocional forma parte del proceso. Lesiones, derrotas, falta de minutos, cambios de entrenador o de categoría ponen a prueba la ilusión inicial. Quien no entiende esto abandona temprano o se queda a mitad del camino.

Mantener la ilusión no significa ignorar la dureza del proceso; significa aceptar que el esfuerzo será constante y, muchas veces, ingrato.

Ilusión sin disciplina: una fórmula incompleta

La disciplina es el puente entre la ilusión y la recompensa. Según Martens (2012), la disciplina no es castigo, sino estructura: hábitos, horarios, autocuidado, responsabilidad.

Una jugadora ilusionada pero indisciplinada vive en una contradicción permanente. Quiere llegar, pero no actúa como alguien que se prepara para llegar. En cambio, cuando la ilusión se acompaña de disciplina, el crecimiento se vuelve inevitable, aunque lento.

La magia real del fútbol no está en el talento, sino en la repetición diaria de lo que no se ve.

El rol del entorno: cuando se alimenta o se rompe la ilusión

La familia y los entrenadores juegan un papel determinante. Investigaciones de Côté y Fraser-Thomas (2007) muestran que el entorno puede potenciar o destruir la motivación de los jóvenes atletas.

Cuando se refuerzan expectativas irreales —“con una visoria basta”, “con un video te van a ver”— se construye una ilusión frágil. En cambio, cuando se educa sobre el proceso, el esfuerzo y los tiempos reales, la ilusión se vuelve resistente.

El entorno responsable no promete regalos; enseña a trabajar por ellos.

El fútbol como espejo de la vida

El fútbol replica dinámicas de la vida adulta: esfuerzo prolongado, recompensas tardías, competencia constante y pocas certezas. Por eso es una herramienta educativa tan poderosa.

UNESCO, en su enfoque de educación basada en valores a través del deporte, destaca que el deporte enseña paciencia, resiliencia y responsabilidad. Quien aprende a sostener la ilusión en el fútbol, aprende a sostenerla en otros ámbitos.

El verdadero aprendizaje no es llegar, sino mantenerse en el camino.

Cuando la recompensa llega… y cuando no

No todas las historias terminan en la cima. Y eso también debe decirse con honestidad. La recompensa del esfuerzo no siempre es llegar al profesionalismo, pero siempre deja algo: carácter, hábitos, disciplina, criterio.

Según el Comité Olímpico Internacional, el éxito deportivo no debe medirse únicamente por medallas o contratos, sino por el desarrollo integral del atleta.

El esfuerzo nunca es en vano, aunque la recompensa no sea la que se imaginó de niña.

El Día de Reyes nos recuerda una ilusión pura, casi ingenua. El fútbol nos exige transformar esa ilusión en trabajo diario. Soñar es necesario, pero no suficiente. La magia real no ocurre de noche, ocurre cada día que decides entrenar cuando nadie te ve.

Que nunca se acabe la ilusión de llegar lejos. Pero que siempre exista la claridad de que el esfuerzo será largo, continuo y desgastante.

Porque en el fútbol —como en la vida— la recompensa no llega por desearla, sino por merecerla.

Fuentes de información

  • Deci, E. & Ryan, R. (2000). Intrinsic and Extrinsic Motivations.

  • Ericsson, K. et al. (1993). The role of deliberate practice in the acquisition of expert performance.

  • Duckworth, A. et al. (2007). Grit: Perseverance and passion for long-term goals.

  • Martens, R. (2012). Successful Coaching.

  • Côté, J., & Fraser-Thomas, J. (2007). Youth sport participation and development.

  • FIFA. Youth Development & Player Pathways.

  • UNESCO. Values-Based Education Through Sport.

  • International Olympic Committee. Athlete Development Framework.

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