El engaño en el fútbol formativo: cuando la palabra se usa para manipular y no para formar
El fútbol formativo, especialmente en etapas infantiles y juveniles, debería ser un espacio de aprendizaje, desarrollo integral y protección. Sin embargo, en los últimos años ha emergido una problemática silenciosa pero profundamente dañina: la presencia de entrenadores y pseudoformadores que, carentes de preparación, metodología y ética profesional, recurren a la mentira, la manipulación emocional y el descrédito de terceros para sostener su posición de poder.
Este fenómeno no solo frena el desarrollo deportivo de las jugadoras y jugadores, sino que vulnera derechos fundamentales, especialmente cuando se trata de menores de edad. La falta de información de las familias, la urgencia por “llegar lejos” y la ausencia de regulación efectiva crean el caldo de cultivo perfecto para prácticas abusivas que pasan desapercibidas o son normalizadas.
Este artículo analiza, desde una perspectiva crítica y formativa, los mecanismos de engaño, las estrategias de manipulación, las amenazas encubiertas y las implicaciones legales y éticas de estas conductas, así como la importancia de construir una cultura deportiva basada en el conocimiento, la transparencia y el profesionalismo.
El entrenador como figura de poder: influencia, autoridad y responsabilidad
En el deporte formativo, el entrenador no es solo un transmisor de contenidos técnicos. Es una figura de autoridad, referencia emocional y guía para jóvenes en pleno proceso de construcción personal.
Diversos estudios en pedagogía deportiva señalan que los entrenadores influyen directamente en:
La autoestima de los deportistas
La toma de decisiones
La percepción del éxito y el fracaso
La permanencia o abandono del deporte
Cuando esta figura de poder se ejerce sin ética ni preparación, el daño puede ser profundo y duradero (Martens, 2012).
El problema surge cuando algunos entrenadores confunden autoridad con control, y liderazgo con manipulación.
El discurso como herramienta de engaño: hablar mucho para ocultar poco
Uno de los rasgos más comunes de los entrenadores depredadores es su excesiva habilidad discursiva. Hablan constantemente, critican a otros entrenadores, desacreditan clubes, federaciones o ligas, y construyen una narrativa donde ellos son “los únicos que saben”.
Este patrón responde a un mecanismo bien documentado en estudios sobre liderazgo tóxico:
Cuando no hay resultados ni estructura, el discurso se convierte en la principal herramienta de legitimación (Kellerman, 2004).
Estrategias comunes:
“Allá no te van a cuidar”
“Yo sí soy formador, los demás solo usan a las jugadoras”
“Si te vas, nadie te va a volver a ver”
“Aquí tenemos contactos, afuera no”
Estas frases no informan, intimidan.
Hablar mal de otros como mecanismo de control
El descrédito sistemático hacia otros entrenadores o instituciones cumple una función clara: aislar a las familias y jugadoras, reduciendo sus opciones y anulando su capacidad de comparación.
Desde la psicología social, este fenómeno se conoce como control informativo, una práctica frecuente en entornos donde se busca mantener dependencia (Hassan, 2015).
Cuando una familia no tiene elementos para comparar:
No puede evaluar procesos
No distingue niveles reales de formación
Normaliza la mediocridad
El problema no es la crítica, sino la crítica sin argumentos técnicos, sin evidencia y sin apertura al contraste.
Abuso de la ignorancia: cuando la falta de cultura deportiva se convierte en negocio
Muchas familias desconocen cómo debería verse un proceso real de formación deportiva. Esto no es una falla, es una condición natural: no todos tienen la obligación de saber de metodología, planificación o competencia formal.
Aquí aparece el abuso.
Es como el ejemplo del sushi:
-Si alguien nunca ha comido sushi y se le dice que es “solo pescado crudo”, aceptará esa versión. No porque sea ignorante, sino porque confía.-
En el fútbol sucede lo mismo:
Entrenamientos sin objetivos claros
Sin planificación anual
Sin evaluación individual
Sin competencia federada
Y aun así, se vende como “alto rendimiento”.
Según Bompa y Buzzichelli (2019), la formación deportiva debe incluir planificación a largo plazo, evaluación constante y competencia adecuada a la edad biológica y cronológica. Todo lo demás es improvisación.
La falsa figura del “formador exclusivo”
Uno de los discursos más peligrosos es aquel donde el entrenador se autodenomina “formador” para justificar el control absoluto sobre las jugadoras.
Paradójicamente, muchos de estos espacios:
No participan en ligas federadas
No tienen certificaciones oficiales
No presentan procesos documentados
No generan proyección real
Ser formador no es un título autoproclamado, es una función respaldada por:
Metodología
Resultados verificables
Participación en estructuras formales
La FIFA y la FMF establecen claramente que la formación debe darse dentro de marcos regulados que protejan a los menores y aseguren su desarrollo integral (FIFA Training Centres, 2020).
Amenazas, chantajes y el límite legal
Cuando un entrenador impide, amenaza o condiciona a una jugadora para que no asista a otro club, se cruza una línea muy peligrosa considerándose un delito penal.
Especialmente cuando se trata de menores de edad:
Nadie puede restringir su derecho a elegir.
Nadie puede retenerlas contra la voluntad familiar.
Nadie puede condicionar su desarrollo.
Desde el ámbito legal, estas prácticas pueden encuadrarse como:
Coacción.
Abuso de confianza.
Violencia psicológica.
La Convención sobre los Derechos del Niño es clara: el interés superior del menor debe prevalecer sobre cualquier interés personal o institucional (ONU, 1989).
Profesionalismo vs protagonismo
En el fondo, muchas de estas conductas no nacen del deseo de formar, sino de la necesidad de protagonismo.
El entrenador depredador necesita:
Ser el único.
Ser el centro.
Ser indispensable.
El profesional, en cambio, entiende que:
El proceso es más importante que su ego.
La jugadora es el centro.
El conocimiento se comparte, no se esconde.
Un sistema formativo sano no teme que una jugadora explore otras opciones; al contrario, lo considera parte de su crecimiento.
El rol de las familias: informarse para proteger
La solución no pasa solo por señalar a los malos actores, sino por elevar la cultura deportiva.
Las familias deben preguntar:
¿En qué liga compiten?
¿Cuál es el plan de desarrollo?
¿Qué certificaciones tienen?
¿Cómo evalúan el progreso?
Informarse no es desconfiar, es proteger.
El fútbol formativo no puede seguir siendo terreno fértil para la mentira, el engaño y la manipulación. Cada entrenadora y entrenador tiene una responsabilidad ética que va más allá del resultado deportivo.
Proteger a las jugadoras implica:
Transparencia
Formación real
Respeto a su libertad
Profesionalismo
Cuando el discurso sustituye al proceso, y el control reemplaza a la enseñanza, el fútbol deja de ser una herramienta de desarrollo y se convierte en un espacio de riesgo.
Fuentes bibliográficas.
Bompa, T., & Buzzichelli, C. (2019). Periodization: Theory and Methodology of Training. Human Kinetics.
Martens, R. (2012). Successful Coaching. Human Kinetics.
Kellerman, B. (2004). Bad Leadership. Harvard Business School Press.
Hassan, S. (2015). Combating Cult Mind Control. Freedom of Mind Press.
FIFA (2020). FIFA Training Centres and Youth Development Programmes.
Organización de las Naciones Unidas (1989). Convención sobre los Derechos del Niño.